En trío con dos compañeros de cuarto

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Con fuerza y muchas ganas ella acepto un dolor por su rica panocha que transformó en placer, él la clavaba con tantas ganas, esas mismas ganas con las que ella le mamaba la polla a su segundo amante, los tres estaban sincronizados, todo era sumamente coordinado, besos, chupadas, mordidas, nalgadas, aruñones. Ahora era el turno de Luis, cambiando de papeles la boca de ella quedo hacia el pene de su ya conocido compañero de apartamento, le tenía plena confianza y lo disfrutaba mucho, le gustaba todo de él, era una fantasía hecha realidad,  sus besos eran as dulces, con amor, con entrega en cada movimiento, mientras tanto, Pedro empezó a penetrarla, haciéndole sentir deseada y llena de vida.